Política Eventos Del país 2026-01-16T13:19:22+00:00

La advertencia de Panamá para una Venezuela pos-Maduro

La experiencia de Panamá después de Noriega muestra que la intervención derribó al régimen militar, pero la reconstrucción democrática fue lenta e irregular. Las fuerzas externas no pueden crear coherencia institucional o confianza política. Los primeros signos en Venezuela sugieren riesgos similares.


La advertencia de Panamá para una Venezuela pos-Maduro

La experiencia de Panamá después de Noriega muestra que, aunque la intervención derribó al régimen militar, la reconstrucción democrática fue lenta e irregular; las fuerzas externas no pueden crear coherencia institucional o confianza política. Los primeros signos en Venezuela sugieren riesgos similares, con declaraciones de EE. UU. que insinúan una administración temporal. El paralelo clave entre Panamá en 1990 y Venezuela en 2026 no es solo la destitución de un líder autoritario, sino el vacío de gobierno que sigue al cambio de régimen impuesto externamente. La destitución de Maduro fue una ruptura necesaria y largamente esperada con el régimen autoritario, pero la recuperación democrática depende de lo que sigue: la reconstrucción de instituciones, legitimidad e inclusión política. El paralelo significativo entre Panamá en 1990 y Venezuela en 2026 no es la destitución de un líder autoritario. Treinta y seis años antes, en la misma fecha, Manuel Noriega —el dictador de Panamá— fue entregado a la custodia de EE. UU. después de rendirse en la misión diplomática de la Santa Sede, poniendo formalmente fin al régimen militar del país. Pero aquí también, el énfasis en el éxito operativo arriesga oscurecer las consecuencias políticas. La crisis de Venezuela no se reduce a un hombre, por central que sea su papel. ¿Quién gobierna en el aftermath inmediato? ¿Con qué legitimidad? Es el vacío de gobierno que sigue a la ruptura política forzada externamente —y la profunda dificultad de llenarlo. El testimonio durante su posterior juicio en Miami reveló que recibió pagos por facilitar envíos de cocaína y lavar dinero a través del sistema financiero de Panamá. Cuando Noriega se rindió el 3 de enero de 1990, su captura fue ampliamente interpretada como el fin definitivo de la era autoritaria de Panamá. Para ser claros, Venezuela está mejor sin Maduro en el poder. El episodio ilustra que el colapso del régimen impuesto externamente no puede resolver los déficits de gobierno dejados por el autoritarismo. Dos líderes autoritarios acusados en tribunales de EE. UU. de narcotráfico y crimen organizado. Si este momento se convierte en un punto de inflexión o en un limbo prolongado se decidirá por cómo se llene el vacío de gobierno. Los hechos, aunque familiares, merecen repetirse: El sábado 3 de enero, el presidente venezolano Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores, fueron capturados y retirados del país tras una operación militar a gran escala de EE. UU. que involucró a fuerzas de élite y meses de planificación. Noriega encarnaba las contradicciones de la política de EE. UU. en la región. Un colaborador de larga data de la CIA durante la Guerra Fría, cultivó simultáneamente profundos lazos con redes de narcotráfico, incluido el cartel de Medellín de Colombia. También siguió a años de escalada legal. La operación involucró a la Administración para el Control de Drogas, unidades militares de élite y más de 150 aviones operando en precisa sincronización. Funcionarios de EE. UU. enfatizaron la naturaleza “discreta” y “quirúrgica” de la operación, contrastándola con las invasiones a gran escala del pasado. La reconstrucción democrática fue lenta y, incluso hoy, Panamá enfrenta clientelismo, corrupción, baja confianza en las instituciones y frágil Estado de derecho. Su arresto, argumentan las autoridades de EE. UU., representa la culminación de un esfuerzo de aplicación de la ley de larga data, no un acto de guerra convencional. La captura de Maduro sigue un guion operativo diferente, pero plantea preguntas estructurales similares. Dos intervenciones enmarcadas por Washington como actos necesarios en defensa de la democracia, los derechos humanos y el Estado de derecho. El problema no es si su destitución estaba justificada; el problema es lo que sigue. La capacidad estatal se ha erosionado junto con el colapso económico, la migración masiva y la disolución social. En este contexto, la destitución de Maduro crea no una resolución, sino incertidumbre. Los límites entre la autoridad política, los actores armados y las redes criminales se han vuelto cada vez más borrosos. La destitución de un líder acusado de graves delitos es una condición necesaria para la recuperación democrática, pero no es suficiente. Cuando el poder es tomado desde afuera, las instituciones domésticas luchan por afirmar la autoridad, la legitimidad es disputada y la responsabilidad se difunde justo cuando se necesita claridad. ¿Bajo qué marco institucional? La captura de Noriega ocurrió al final de la Operación Just Cause, lanzada por Estados Unidos el 20 de diciembre de 1989. Casi 27,000 tropas de EE. UU. cruzaron a Panamá en una de las operaciones militares más grandes desde Vietnam. Aviones de combate bombardearon objetivos estratégicos en la ciudad de Panamá y Colón, mientras las fuerzas terrestres desmantelaron las Fuerzas de Defensa de Panamá. La coincidencia ha provocado una avalancha de analogías históricas. La Operación Resolución Absoluta fue el resultado de meses de recopilación de inteligencia y coordinación interinstitucional. Aparecieron el lunes siguiente en un tribunal de Nueva York, enfrentando cargos que incluían narcoterrorismo, narcotráfico y delitos de armas, y ambos se declararon no culpables. Simbólicamente, lo fue.

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